Centro de baja exigencia Es Gorg

Centro de baja exigencia Es Gorg

El proyecto plantea la creación de un nuevo centro de baja exigencia en la ciudad de Ibiza, que dispondrá de un centro de día, un centro de pernoctación y unos espacios administrativos para dar soporte a las personas sin hogar de toda la isla.

Dispondrá de un comedor con una capacidad para 56 personas, espacios de estar y de talleres, así como de una sala de actos polivalente. Además, podrá acoger la pernoctación de entre 35 y 70 personas en el centro de noche y cuenta con un espacio para emergencias con 24 camas más.

Este centro será un importante recurso de soporte para todas las entidades que trabajan en las tareas de acompañamiento a las personas sin hogar, ya que les permitirá acceder a prestaciones básicas para poder complementar la intervención social.

El programa más público se desarrolla en planta baja, mientras que la planta primera se destina a espacios administrativos y espacios de pernoctación. La voluntad es que, desde la calle, el edificio se perciba como compacto, dando confianza e intimidad a sus usuarios. En cambio, desde el interior, la zona de día se abre completamente a poniente, con grandes espacios diáfanos que se prolonga hacia un exterior ajardinado. En la primera planta, la zona de dormitorios dispone de un patio central muy protegido y tranquilo que recuerda a un antiguo claustro.

La resiliencia es una característica común en este tipo de personas, pero, en este caso, también ha sido un reto en el diseño del edificio. Nos encontramos en el polígono de Es Gorg, en el área de influencia del Torrente de Sa Llavanera, y debido a su proximidad se ha elaborado un estudio de inundabilidad con tal de minimizar los riesgos y peligros de posibles inundaciones por repentinas crecidas del curso fluvial.

Se han tenido muy presentes conceptos de sostenibilidad pasiva como la compacidad del edificio, la inercia térmica, la orientación y las protecciones solares. Por ejemplo, la totalidad de las fachadas están pensadas como una celosía que proporciona intimidad y protección solar. Las características del subsuelo han dado lugar a una estructura muy racional, ordenada y repetitiva, con una cimentación profunda.

Todos los materiales utilizados en el proyecto están pensados desde la durabilidad, la funcionalidad y la baja huella de carbono. Básicamente se recurre a materiales tradicionales, cerámicas de origen local pero utilizados de forma contemporánea. Cromáticamente nos movemos entre el color blanco roto y los colores terrosos, rindiendo homenaje a la arquitectura popular ibicenca.

LocalizaciónIbiza, Islas Baleares
Proyecto1r Premio concurso 2021
Superficie1.994 m²
Coste4.962.175 €
PromotorAyuntamiento de Ibiza
ColaboradoresMaria Velázquez, Alicia Torres, Carla Mercadé, Francesco Ogliengo, Ilyass Erraklaouy, Kateryna Grechko, Marc Torrellas, Elena Poropat, arquitectura. Toni Roig, ingeniería. Bernuz-Fernández, estructuras. Coderch acustica. Jordina Vidal, Sostenibilidad. Víctor Oteo AT3, presupuesto. Roger Torregrossa, inundabilidad.

FoodLab Barcelona en la Nave Shield

FoodLab Barcelona en la Nave Shield

El concurso plantea la reforma de la Nave Shield per el nuevo espacio FoodLab Barcelona, que será un referente internacional en el espíritu empresarial creativo en el sector agroalimentario y un centro para el desarrollo de una industria alimentaria sostenible.


La propuesta se origina y se articula desde la intención inicial de concebir la planta baja como una extensión del espacio público exterior, creando accesos por dos puntos de la nave, que quedan en relación directa con los accesos del recinto, y que permiten cruzar la planta baja.

La propuesta responde a la idea principal de mejorar la condición interior de la nave y la relación con su entorno a la vez que se reconoce el edificio histórico.

Uno de los principales retos de la nave es la capacidad de dotar de luz natural a todo el espacio, es por eso que, en la crugia central de la cubierta, se crea un atrio bioclimático que revierte la oscuridad del centro del edificio, convirtiéndolo en un espacio de luz y verde. Este patio no solo aporta luz al interior de la nave, sino que también proporciona ventilación natural y pone en relación todas la plantas del edificio, creando un punto central de reunión.

Con tal de enfatizar este atrio bioclimático y debido a la necesidad de un nuevo acceso a las plantas superiores, se plantea una escalera orgánica que sube como una enredadera que relaciona todos los niveles y que sube buscando la luz hasta la azotea, generando a su alrededor las areas de relación entre los usuarios del FoodLab.

En cuanto a la articulación del programa, la planta baja se concibe como una plaza interior donde se situan los dos núcleos principales: la escalera histórica y la nueva escalera central, rodeada por una zona de jardín; así como todos los espacios públicos: la sala de exposiciones, que puede estar abierta y poner en relación el auditorio con la plaza o quedar cerrada; el auditorio, que se plantea como un espacio flexible y versátil; y el espacio de grab&go, que queda en relación directa con la plaza y el jardín.

Con todos los espacios públicos en la planta baja, las plantas superiores acogen los espacios y usos más privados del edificio. Se produce una gradación de privacidad a medida que se va subiendo, con los espacios semiprivados, la zona de networking y el office situados en la primera planta, y los espacios privados como las oficinas y las salas de reunión en la planta segunda.

El edificio aspira a la máxima calidad ambiental alcanzando todos los requisitos de confort, ahorro de energía, agua y recursos, a partir de soluciones de bajo coste y mantenimiento. Mediante el uso del atrio bioclimático y sus espacios para albergar actividades que no requieren de unas condiciones climáticas estrictas, se consigue reducir los metros cuadrados climatizados. Además, con la integración de vegetación xerófila dentro del atrio se mantiene una temperatura estable y se regula la humedad relativa de los espacios.

En cuanto al ciclo del agua, el equilibrio de las plantas xerófilas y las productivas hacen que la demanda hídrica de la vegetación no sea elevada. Además, se prevee un ciclo hídrico cerrado que reconozca los usos que permiten el uso de agua no potable y reducir tanto el consumo de la red como de evacuación al alcantarillado, usando tanto la captación de agua de lluvia como el uso de redes de recursos alternativos (freático).

La materialidad del proyecto surge de la pretensión de diferenciar el patrimonio de las nuevas intervenciones, reparando y pintando de blanco aquellos elementos estructurales históricos de la nave, mientras que los elementos añadidos seran de materiales biosféricos, de proximidad o que cierren ciclos, como el vidrio o la madera. La nueva escalera escultural recupera el color verde de algunos de los elementos existentes.

LocalizaciónReciento industrial L’Escosesa, Barcelona
ProyectoNuevo Espacio FoodLab Barcelona
Superfície2.177 m²
Coste4.571.700 €
PromotorBimsa, Ayuntamiento de Barcelona
ColaboradoresIlyass Erraklaouy, Kateryna Grechko, Carla Mercadé, Francesco Ogliengo, Rim Bohsina, arquitectura. Víctor Viscor de Societat Orgànica, sostenibilidad, Oriol Vidal, ingenieria, Bernuz Fernandez Arquitectes SLP, estructura, Brufau Cusó, presupuesto. Jordi Font, urbanismo.

VPO Badia del Vallés

VPO Badia del Vallés

El concurso plantea un nuevo edificio de 32 viviendas dotacionales, de protección oficial en Badia del Vallés, Barcelona.

El principal reto ha sido conseguir la buena orientación en el máximo número de viviendas, teniendo en cuenta la dificultad que supone el emplazamiento. Dos edificios situados a SE y SO crean una barrera al sol especialmente en invierno.


El edificio situado en orientación SE, con una altura de PB+15 hace sombra sobre nuestra fachada en el solsticio de invierno. Así mismo el edificio SO de PB+8 en menor mesura. Hemos centrado el discurso conceptual de la propuesta en esta circunstancia. Por lo tanto, nos centramos en crear las máximas condiciones favorables para el nuevo edificio.

La adecuación al lugar responde a la idea principal de buscar el mejor asoleo para las viviendas.

Concentramos la edificabilidad en en la esquina norte de la parcela, en la calle Zaragoza y levantamos la cota de las viviendas. Consecuentemente se libera gran parte del solar permitiendo la continuidad del espacio público. La materialización de la planta baja mediante elementos verticales permeables refuerza la idea de fluidez espacial.

En esta ciudad, donde la escala de los edificios es descomunal, con grandes bloques lineales, caracterizados una fachada delantera y otra trasera, se opta por un edificio más amable y abierto a las 4 caras. Para reducir la escala se divide en dos cuerpos, uno de PB+4PP y otro de 7PP que descansa sobre un bosque. Precisamente el cuerpo de menor dimensión es el que descansa sobre el terreno, con contacto directo con el transeúnte, humanizando la escala del edificio.

El espacio público se concibe mediante la idea de un bosque como prolongación de la masa vegetal existente al otro lado de la calle. Vegetación vertical que dialoga con la escala del barrio. A una escala menor tenemos un un sotobosque, con parterres de plantas aromáticas que delimitan los diversos ámbitos del espacio público y el aparcamiento.

LocalizaciónBadia del Vallés, Barcelona
Proyecto1er Premio concurso y proyecto Básico 2021
Superficie2.392 m²
Coste2.975.000 €
PromotorIncasol
Col·laboradorsElena Poropat, Francesco Ogliengo, Irene Gascón, Ilyass Erraklaouy, arquitectura. Jordi Pellejero, visualización. Oriol Vidal, ingeniería. Bernuz-Fernández, estructuras. Coderch acustica.

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